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QUE COPA CORRESPONDE A CADA VINO

Nada realza más la nobleza de un Malbec, un Cabernet o un Champagne, que la nitidez y la pureza de una copa de cristal. Su forma, su naturaleza y su volumen influyen enormemente en nuestras sensaciones.
 

Un mismo vino servido en copas diferentes brinda sabores distintos. Es cierto que ningún vino de mala calidad se convierte en Grand Cru, por más que se lo sirva en una copa de cristal. Pero seguramente un buen vino se potencie en la copa indicada. Por eso la diferencia es mucho mayor en los tintos que en los blancos.

La copa ideal debe ser de cristal liso y transparente, con el borde fino y ligero (no redondeado), un tallo alto para poder sostenerla y un cuerpo largo con una boca más pequeña para poder apreciar bien los aromas. La mejor copa es la que tiene forma de huevo porque concentra los aromas y evita las salpicaduras cuando se hace girar el vino o cuando se inclina para ver el color.

Por regla general, para los vinos blancos se usa una copa más pequeña que la recomendada para los tintos; para el champagne y lod vinos espumantes, la copa flauta (alta y estrecha) porque permite que las burbujas suban hasta el borde y para los tintos el copón sin ningún tipo de ornamentación.

TIPOS DE COPAS

Entre las copas favoritas de los amantes del vino están las Riedel austriacas, las Spiegelau alemanas y las Bohemia de República Checa. Se consiguen en las vinotecas más importantes del país y, aunque suelen ser más costosas que las nacionales, vale la pena la inversión. Entre las marcas locales se destacan San Carlos y Vitalia, con precios más accesibles.

La costumbre de beber cada tipo de vino en una copa diferente está muy difundida en Europa, Estados Unidos, Japón, Australia y, por supuesto, en la Argentina, donde la modalidad se adoptó a partir de 1995 cuando se empezaron a importar las copas Riedel. Hoy cada tipo de vino tiene su copa; aquí, los modelos más conocidos.

De vinos tintos. Conocidas como Burdeos o Borgoña, estas copas son lo suficientemente grandes como para llenar sólo la tercera parte que es la cantidad perfecta para apreciar el vino. Antes, eran algo más pequeñas que las de agua pero ahora se impuso la gran copa o copón.
De vinos blancos. Tienen el pie más largo para evitar que al sostenerlas se caliente la bebida con el calor de la mano. Son algo más pequeñas y estrechas que las de vino tinto y deben llenarse menos de la mitad para mantener al vino frío.
Flauta de champagne. Alta, de cuerpo largo y aflautado, y corta de pie. Es la más tradicional y bella para el vino espumante. Su gran profundidad y poco diámetro hacen que las burbujas duren mucho más tiempo en la copa.
De vermouth. Corta y de boca ancha, a medida que se acerca al pie su cuerpo se va estrechando. También es ideal para algunos cócteles.
De oporto o de jerez. Ligeramente aflautada, de tamaño medio y pie corto, encausa el aroma del vino hasta la nariz. Se sirve hasta la mitad y también se usa para vinos dulces.
De cogñac. Gran copa, de amplia cavidad y pie muy corto, diseñada para acomodarla en la mano y mantener templado su contenido. Se llena hasta un tercio de su capacidad.
Para grapa o licores. Siempre pequeñas, de pie muy corto y escasa capacidad, se sirven hasta el borde, contrariamente a lo que se hace con el vino. Es una de la copas con más variantes en diseños y medidas.

CÓMO LAVARLAS

Lavarlas con un jabón suave y enjuagarlas con mucho agua. No secar con paño o papel para que no se impregnen de falsos olores. Dejar escurrir boca abajo, de ser posible colgadas para que se aireen y no guardarlas en vitrinas o armarios cerrados. Para darles brillo, lo mejor es faginarlas, es decir, mezclar en un rociador agua con alcohol en cantidades iguales, luego rociarlas con esta mezcla y repasarlas con un trapo seco sin pelusa por ambos extremos hasta que no quede nada reflejado en ellas.
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